Giros circulares levitando
inmerso en la danza,
flavo de cúpulas germinativas
amarrado en la ballesta de madera,
torques naturales externos
engranan el estiramiento,
el dolor no es la vida,
es no saber si existe,
sequedades acompañan ademanes seniles
que los cristales no pueden evitar mirar,
intención de untar frascos pulposos derramados,
trasladando respiraciones sinuosas de piel al sueño;
que instigo,
que contemplo,
que inmovilizan,
que congelan como constante,
a cada momento,
a cada fracción,
a cada sentimiento,
con sórdida armonización;
que emana,
que am-o-dio,
que necesito,
sin la cual no viviría,
no estaría acá,
ya habría explosado mi corazón
o al menos truncado su palpitar,
porque duele, a veces duele
en su matriz,
en su orión,
en lo más metafísico de su despertar,
voy hacia la luz,
hacia donde quiero transmutar,
ser uno,
ser yo,
ser mi,
navegar en mares tranquilos,
aceptar aunque nunca entienda
el qué, el cuándo y el cómo,
el para qué, el por qué y el todo,
extiende las manos,
se abre la flor,
marchita es de orgullo,
agradecimiendo a la germinación,
una pleitesía,
una pequeña reverencia,
sacando y bajando
el sombrero de copa,
simplemente manifiesto
una desunión a rescatar,
quizás deba duplicarme
para soltar lo gregario,
pero la polimorfa existe,
está árbol adentro,
y yo en la cima
de la más hiperborea montaña,
imaginaria por cierto,
autocreada para poder andar,
no me despido, sí, amanezco
en búsqueda del sol naciente...